Dejemos de mordernos nuestra propia cola

18 10 2010

Estaba yo esta misma mañana en clase de Ciencia, tecnología y sociedad debatiendo sobre si la ciencia y la tecnología son algo inherente y exclusivo del propio ser humano, o sin embargo otras especies comparten estas habilidades con nosotros. Como parte de la lección hemos trabajado con un video del programa de Punset, Redes, que muchos conoceréis y probablemente veáis (siempre que adivinéis a qué hora y qué día lo emiten cada semana) sobre primates y antropología evolucionista.

Resulta que entre otras cosas, en el video se trataban las similitudes y diferencias sociales y de aprendizaje entre los humanos y otras especies animales, con el propósito de ver cuáles de estas habilidades son exclusivas de nuestra especie. Parte de esos comportamientos observados incluían el altruismo, y la explicación que se ha dado para intentar explicar porqué los humanos y animales tenemos este patrón de comportamiento es la que se conoce como Teoría del altruismo, la cual os expongo a continuación, sin entrar en si es correcta o existen otras teorías posibles (que existen).

El altruismo en la biología evolucionista se conoce como el comportamiento animal en el cual un individuo pone en riesgo su propio bienestar e incluso su vida para beneficiar a otros miembros del grupo. Esta teoría al parecer se cumple en la mayoría de los casos en las que los miembros de ese grupo comparten los mismos genes, de forma que este altruismo queda explicado como una estrategia para asegurar la continuidad de la información genética. Existen otras teorías usadas para explicar el altruismo no emparentado, pero no viene al caso.

¿Y nosotros, los humanos, las personas, respondemos también a este patrón de comportamiento?

En dicho video, que podéis ver aquí, a partir del minuto 20 se muestra un interesante experimento realizado con niños menores de 1,5 años, edad a la que se supone que mantienen los comportamientos más instintivos ya que aún no han comenzado a “cambiar” mediante conducta imitativa hacia los mayores (socialización). El experimento es muy simple, una persona esta tendiendo la ropa y deja caer a propósito una pinza, realizando gestos como si tuviese dificultades para alcanzarla en el suelo. En ese momento, el niño/a que apenas puede sostenerse por si mismo en pie se agacha y alcanza la pinza a la persona que necesita ayuda, sin más.

¿A dónde quiero llegar con esto? Es un tanto gracioso… el otro día veía el programa este de los perros problemáticos en Cuatro. Resulta que un pastor alemán de una pareja mostraba síntomas de ansiedad y estaba continuamente intentando morderse su propio rabo. La solución fue llevar al perro al campo a un recinto de ganado, de forma que el perro “reactivó” de cierta forma la tarea que sus genes le decían que tenía que hacer, y así enfocó todos sus esfuerzos y atención en el pastoreo, olvidándose de su cola. Problema solucionado.

Y quizá eso es lo que tendríamos que hacer nosotros. Dejar de jugar con nuestra propia cola y hacer más caso a aquellos que lo necesitan, a aquellos de nuestra especie que están en dificultades y que no ayudamos olvidándonos de que nuestro origen, nuestra propia identidad y naturaleza es la de ayudarnos unos a otros, aunque solo sea por ese gen egoísta, maldita sea.

Quizá sea esa la solución a nuestros problemas.