10 de abril de 2009

6 07 2009

Suena el despertador en nuestro móvil. Son las 4:20 a.m. y refresca en la hamada argelina. Desde luego que cualquiera de nosotros nos hubiéramos quedado en nuestros colchones y mantas a descansar un poco más, especialmente después de haber dormido tan plácidamente tras una sesión de hammam la noche anterior. Pero hoy no, hoy toca salir temprano y volvernos a impregnar de arena en este lugar escondido del mundo.

Ni siquiera nuestra madre Maujabha se ha levantado. Cualquier otro día a nuestro despertar ya tendríamos servido un apetitoso desayuno en la jaima, pero hoy tampoco hay tiempo para eso. Al poco estamos listos, cargados con alguna mochila, cubiertos por nuestro turbante y armados con nuestras cámaras de fotos, pues la ocasión lo merece.

A las 5 a.m. nos reunimos con algunos de nuestros compañeros en la plaza del 27 de Febrero. Parece que ser que la salida se retrasará, y es que en el desierto el tiempo tiene otra dimensión.

Poco a poco la plaza comienza a tener ambiente: grupos de españoles llegados de otros campamentos, niños, mujeres, nuestros acompañantes saharauis, y comienzan a aparecer también vehículos en la zona, principalmente camiones y algunos vehículos todo terreno de diferentes agencias de cooperación y asociaciones presentes en los campamentos. Hoy no falta nadie.

Pasadas las 6 de la mañana comenzamos a subirnos en los camiones. Somos mucha gente y no hay demasiado espacio, por lo que hay que montarse como buenamente se pueda, y tratando de no perder a los compañeros del grupo. En este momento una imagen sacude mi mente… aquí todos somos compañeros y nos dirigimos voluntariamente a una manifestación, y aun así hay prisas y algún empujón, y los camiones se saturan de gente… no quiero ni imaginar como ha de ser esta situación dentro de otro contexto, donde un pueblo se vea obligado a abandonar su tierra huyendo de la guerra, como tuvo que hacer el pueblo saharaui hace 34 años ya. Finalmente, nosotros 5 conseguimos ocupar las últimas plazas de uno de los camiones y nos ponemos en marcha.

Partimos en dirección a Rabuni, donde nos encontraremos con otros vehículos venidos de diferentes partes, todos ellos repletos de gente. Hasta el momento el viaje se ha dado bien: carretera asfaltada, algo de nerviosismo en la gente y amanecer en el desierto. Una vez que todos los vehículos están dispuestos continuamos la marcha, la larga marcha que tenemos por delante, disfrutando de alguna espectacular vista siempre y cuando las cortinas de arena causadas por el paso del camión lo permiten, algunas de las cuales he podido recoger con mi cámara (aunque la arena haya pasado factura).

Tras un largo viaje llegamos al último punto de encuentro antes de nuestro destino final. Decenas de vehículos de todo tipo esperan de forma paralela frente a una línea blanca pintada en mitad del desierto. La imagen merece la pena. Aquí tenemos unos momentos para bajar y palpar el ambiente que existe entre la gente, sin duda todos están deseosos de mostrar a Marruecos lo que tienen guardado dentro. Pancartas, gritos, banderas…todo está a punto. En este lugar esperamos hasta juntar todos los vehículos que se dirigen al muro. Me llama especialmente la atención un camión descubierto en el que viajan un gran grupo de mujeres saharauis… impresionante el carácter de este colectivo, e impresionante las ganas y fuerza que muestran y que hace que se las oiga mucho antes de que el camión llegue a la altura del resto. Y como no, en uno de ellos aparece Fatma, nuestra hermana.

Cuando todo esta listo, la caravana se pone de nuevo en marcha. A pesar de la dureza del viaje (llevamos ya más de 2 horas sentados en el fondo de un camión, por pistas de arena y roca y estamos literalmente cubiertos de arena) la gente parece que consigue relajarse, como si fuera parte de su rutina: buen ambiente, conversaciones animadas, incluso la gente consigue dormir. Siguiente y última parada: el muro de la vergüenza.

Nuestro camión se detiene y comenzamos a bajar, de igual forma que el resto de vehículos apostados a nuestros lados. A nuestra llegada ya vemos a cientos de personas reunidas poco más adelante, portando gran cantidad de banderas, pancartas, camisetas, etc. Nos reunimos con ellos y comenzamos a avanzar. Nos separan un par de kilómetros del muro.

Al poco, nos indican que nos estiremos, que abandonemos el grupo y comencemos a formar una cadena humana, otro muro frente al muro. Se hace imposible no perder de vista al resto por lo que decido agarrarme en cualquier hueco y comenzar a avanzar con la columna, la cual tiene un paso rápido y decidido, aunque aguanto poco tiempo formando parte de la misma. Decido desenfundar mi cámara y correr tratando de recoger el mayor número de imágenes posibles. La columna comienza a extenderse de forma impresionante ya. Veo a un compañero tratando de recorrer con su cámara de video la columna de un extremo a otro, lo cual resulta ya complicado debido a su longitud. Varios vehículos y gente de la organización van dando indicaciones, tratando de acompasar todo aquel teatro al mismo tempo mientras nos acercamos al muro hasta el punto de ver claramente a los soldados marroquíes parapetados ilegalmente tras el muro, ya que 5 kilómetros a cada lado del mismo es territorio controlado por la MINURSO y no está permitida la presencia de fuerzas militares de las partes implicadas.

Finalmente llegamos al punto donde debemos de enfrentarnos al muro, el límite de nuestra marcha, el lugar donde la columna debería de extenderse al máximo… pero en lugar de eso, la columna se rompe. Mientras parte de la misma permanecía totalmente inmóvil manifestándose simbólicamente ante la  inmensa construcción militar de Marruecos, un grupo de saharauis no pueden contener sus sentimientos y se lanzan corriendo en dirección al muro, gritando y lanzando piedras a sus invasores, atravesando el campo de minas que precede a la fortificación. La alambrada se convierte es un trofeo de batalla, el alambre cede ante los golpes de las piedras y junto a los postes se retira del lugar. Una multitud sigue a los saharauis que se han lanzado a correr, lo que provoca un gran nerviosismo entre los organizadores ante el peligro del terreno. Mientras tanto, otra parte de la columna se mantiene atrás, totalmente firme.

Tras varios minutos que parecen horas, la gente comienza a retroceder y a retirarse. Nuestro acto ha terminado y ahora debemos comenzar a alejarnos del lugar dirección a los camiones. Nos volvemos caminando cuando de repente escuchamos el ruido de la infamia marroquí. Una mina antipersonal ha estallado. Giramos inmediatamente la cabeza y observamos una columna de humo y polvo delante de nosotros. Brahim Hosein Labeid, de 19 años,  acaba de perder su pierna derecha por el echo de venir a manifestarse a este inhóspito lugar donde una muralla militar separa a su pueblo de su tierra. Él y otros afectados son atendidos en el lugar por la gente de Landmine Action y trasladados inmediatamente al hospital central de Rabuni, a varias horas de camino. Gente llora, gente se queda perpleja, gente grita encolerizada, gente no sabe cómo reaccionar… pero todos conscientes de lo que acaba de ocurrir. Con un sentimiento muy diferente al que teníamos al llegar, retrocedemos en busca de un vehículo que nos aleje de allí. A estas alturas, uno de los nuestros se ha perdido entre la multitud.

Poco a poco la gente abandona el lugar, mientras un grupo de jóvenes saharauis subidos en un par de vehículos no deja de gritar cánticos que escapan ante los que no conocemos el árabe, mientras sostienen un pedazo de tela de los pantalones de Brahim. Mohamed, nuestro acompañante saharaui nos indica un camión que compartimos con otras 20 personas aproximadamente, y nos alejamos del lugar.

Antes de dirigirnos de vuelta a los campamentos se ha decidido que nos alejemos del muro y hagamos una parada para comer. El punto de encuentro es un camión cargado de ayuda alimentaria procedente de Castilla y León. Allí, cargamos para todos los que vamos en el camión (españoles, austriacos y saharauis) y nos dispersamos buscando un lugar apropiado para comer. Este ha sido el único momento de paz en los territorios liberados del Sahara: una pequeña comida y un té apostados en la escasa sombra entre las ruedas del camión comentando lo sucedido en la jornada. Tras ello, vuelta al camión y largo viaje de regreso a campamentos.

PD: si quereis ver las fotos de este día solo teneis que visitar mi flickr

PD: un email de gente prosaharaui ha hecho que me acordara de este día. En ese emial se comenta un proyecto musical que se presenta con un video rodado ese mismo día en ese mismo lugar, espero que os guste:

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